lunes, 28 de marzo de 2011

Monterroso, Augusto: Míster Taylor

Menos rara, aunque sin duda más ejemplar - dijo entonces el otro -, es la historia de Mr. Percy Taylor, cazador de cabezas en la selva amazónica.
Se sabe que en 1937 salió de Boston, Massachusetts, en donde había pulido su espíritu hasta el extremo de no tener un centavo. En 1944 aparece por primera vez en América del Sur, en la región del Amazonas, conviviendo con los indígenas de una tribu cuyo nombre no hace falta recordar.
Por sus ojeras y su aspecto famélico pronto llegó a ser conocido allí como "el gringo pobre", y los niños de la escuela hasta lo señalaban con el dedo y le tiraban piedras cuando pasaba con su barba brillante bajo el dorado sol tropical. Pero esto no afligía la humilde condición de Mr. Taylor porque había leído en el primer tomo de las Obras Completas de William G. Knight que si no se siente envidia de los ricos la pobreza no deshonra.
En pocas semanas los naturales se acostumbraron a él y a su ropa extravagante. Además, como tenía los ojos azules y un vago acento extranjero, el Presidente y el Ministro de Relaciones Exteriores lo trataban con singular respeto, temerosos de provocar incidentes internacionales.
Tan pobre y mísero estaba, que cierto día se internó en la selva en busca de hierbas para alimentarse. Había caminado cosa de varios metros sin atreverse a volver el rostro, cuando por pura casualidad vio a través de la maleza dos ojos indígenas que lo observaban decididamente. Un largo estremecimiento recorrió la sensitiva espalda de Mr. Taylor. Pero Mr. Taylor, intrépido, arrostró el peligro y siguió su camino silbando como si nada hubiera pasado.
De un salto (que no hay para qué llamar felino) el nativo se le puso enfrente y exclamó:
- Buy head? Money, money.
A pesar de que el inglés no podía ser peor, Mr. Taylor, algo indispuesto, sacó en claro que el indígena le ofrecía en venta una cabeza de hombre, curiosamente reducida, que traía en la mano.
Es innecesario decir que Mr. Taylor no estaba en capacidad de comprarla; pero como aparentó no comprender, el indio se sintió terriblemente disminuido por no hablar bien el inglés, y se la regaló pidiéndole disculpas.
Grande fue el regocijo con que Mr. Taylor regresó a su choza. Esa noche, acostado boca arriba sobre la precaria estera de palma que le servía de lecho, interrumpido tan solo por el zumbar de las moscas acaloradas que revoloteaban en torno haciéndose obscenamente el amor, Mr. Taylor contempló con deleite durante un buen rato su curiosa adquisición. El mayor goce estético lo extraía de contar, uno por uno, los pelos de la barba y el bigote, y de ver de frente el par de ojillos entre irónicos que parecían sonreírle agradecidos por aquella deferencia.
Hombre de vasta cultura, Mr. Taylor solía entregarse a la contemplación; pero esta vez en seguida se aburrió de sus reflexiones filosóficas y dispuso obsequiar la cabeza a un tío suyo, Mr. Rolston, residente en Nueva York, quien desde la mas tierna infancia había revelado una fuerte inclinación por las manifestaciones culturales de los pueblos hispanoamericanos.
Pocos días después el tío de Mr. Taylor le pidió - previa indagación sobre el estado de su importante salud- que por favor lo complaciera con cinco más. Mr. Taylor accedió gustoso al capricho de Mr. Rolston y - no se sabe de qué modo- a vuelta de correo "tenía mucho agrado en satisfacer sus deseos". Muy reconocido, Mr. Rolston le solicitó otras diez. Mr. Taylor se sintió "halagadísimo de poder servirlo". Pero cuando pasado un mes aquél le rogó el envío de veinte, Mr. Taylor, hombre rudo y barbado pero de refinada sensibilidad artística, tuvo el presentimiento de que el hermano de su madre estaba haciendo negocio con ellas.
Bueno, si lo quieren saber, así era. Con toda franqueza, Mr. Rolston se lo dio a entender en una inspirada carta cuyos términos resueltamente comerciales hicieron vibrar como nunca las cuerdas del sensible espíritu de Mr. Taylor.
De inmediato concertaron una sociedad en la que Mr. Taylor se comprometía a obtener y remitir cabezas humanas reducidas en escala industrial, en tanto que Mr. Rolston las vendería lo mejor que pudiera en su país.
Los primeros días hubo algunas molestas dificultades con ciertos tipos del lugar. Pero Mr. Taylor, que en Boston había logrado las mejores notas con un ensayo sobre Joseph Henry Silliman, se reveló como político y obtuvo de las autoridades no sólo el permiso necesario para exportar, sino, además, una concesión exclusiva por noventa y nueve años. Escaso trabajo le costó convencer al guerrero Ejecutivo y a los brujos Legislativos de que aquel paso patriótico enriquecería en corto tiempo a la comunidad, y de que luego estarían todos los sedientos aborígenes en posibilidad de beber (cada vez que hicieran una pausa en la recolección de cabezas) de beber un refresco bien frío, cuya fórmula mágica él mismo proporcionaría.
Cuando los miembros de la Cámara, después de un breve pero luminoso esfuerzo intelectual, se dieron cuenta de tales ventajas, sintieron hervir su amor a la patria y en tres días promulgaron un decreto exigiendo al pueblo que acelerara la producción de cabezas reducidas.
Contados meses mas tarde, en el país de Mr. Taylor las cabezas alcanzaron aquella popularidad que todos recordamos. Al principio eran privilegio de las familias mas pudientes; pero la democracia es la democracia y, nadie lo va a negar, en cuestión de semanas pudieron adquirirlas hasta los mismos maestros de escuela.
Un hogar sin su correspondiente cabeza teníase por un hogar fracasado. Pronto vinieron los coleccionistas y, con ellos, las contradicciones: poseer diecisiete cabezas llegó a ser considerado de mal gusto; pero era distinguido tener once. Se vulgarizaron tanto que los verdaderos elegantes fueron perdiendo interés y ya sólo por excepción adquirían alguna, si presentaba cualquier particularidad que la salvara de lo vulgar. Una, muy rara, con bigotes prusianos, que perteneciera en vida a un general bastante condecorado, fue obsequiada al Instituto Danfeller, el que a su vez donó, como de rayo, tres y medio millones de dólares para impulsar el desenvolvimiento de aquella manifestación cultural, tan excitante, de los pueblos hispanoamericanos.
Mientras tanto, la tribu había progresado en tal forma que ya contaba con una veredita alrededor del Palacio Legislativo. Por esa alegre veredita paseaban los domingos y el Día de la Independencia los miembros del Congreso, carraspeando, luciendo sus plumas, muy serios, riéndose, en las bicicletas que les había obsequiado la Compañía.
Pero, ¿que quieren? No todos los tiempos son buenos. Cuando menos lo esperaban se presento la primera escasez de cabezas.
Entonces comenzó lo mas alegre de la fiesta.
Las meras defunciones resultaron ya insuficientes. El Ministro de Salud Pública se sintió sincero, y una noche caliginosa, con la luz apagada, después de acariciarle un ratito el pecho como por no dejar, le confesó a su mujer que se consideraba incapaz de elevar la mortalidad a un nivel grato a los intereses de la Compañía, a lo que ella le contestó que no se preocupara, que ya vería como todo iba a salir bien, y que mejor se durmieran.
Para compensar esa deficiencia administrativa fue indispensable tomar medidas heroicas y se estableció la pena de muerte en forma rigurosa.
Los juristas se consultaron unos a otros y elevaron a la categoría de delito, penado con la horca o el fusilamiento, según su gravedad, hasta la falta más nimia.
Incluso las simples equivocaciones pasaron a ser hechos delictuosos. Ejemplo: si en una conversación banal, alguien, por puro descuido, decía "Hace mucho calor", y posteriormente podía comprobársele, termómetro en mano, que en realidad el calor no era para tanto, se le cobraba un pequeño impuesto y era pasado ahí mismo por las armas, correspondiendo la cabeza a la Compañía y, justo es decirlo, el tronco y las extremidades a los dolientes.
La legislación sobre las enfermedades ganó inmediata resonancia y fue muy comentada por el Cuerpo Diplomático y por las Cancillerías de potencias amigas.
De acuerdo con esa memorable legislación, a los enfermos graves se les concedían veinticuatro horas para poner en orden sus papeles y morirse; pero si en este tiempo tenían suerte y lograban contagiar a la familia, obtenían tantos plazos de un mes como parientes fueran contaminados. Las víctimas de enfermedades leves y los simplemente indispuestos merecían el desprecio de la patria y, en la calle, cualquiera podía escupirle el rostro. Por primera vez en la historia fue reconocida la importancia de los médicos (hubo varios candidatos al premio Nobel) que no curaban a nadie. Fallecer se convirtió en ejemplo del más exaltado patriotismo, no sólo en el orden, sino en el más glorioso, en el continental.
Con el empuje que alcanzaron otras industrias subsidiarias (la de ataúdes, en primer término, que floreció con la asistencia técnica de la Compañía) el país entró, como se dice, en un periodo de gran auge económico. Este impulso fue particularmente comprobable en una nueva veredita florida, por la que paseaban, envueltas en la melancolía de las doradas tardes de otoño, las señoras de los diputados, cuyas lindas cabecitas decían que sí, que sí, que todo estaba bien, cuando algún periodista solícito, desde el otro lado, las saludaba sonriente sacándose el sombrero.
Al margen recordaré que uno de estos periodistas, quien en cierta ocasión emitió un lluvioso estornudo que no pudo justificar, fue acusado de extremista y llevado al paredón de fusilamiento. Sólo después de su abnegado fin los académicos de la lengua reconocieron que ese periodista era una de las más grandes cabezas del país; pero una vez reducida quedó tan bien que ni siquiera se notaba la diferencia.
¿Y Mr. Taylor? Para ese tiempo ya había sido designado consejero particular del Presidente Constitucional. Ahora, y como ejemplo de lo que puede el esfuerzo individual, contaba los miles por miles; mas esto no le quitaba el sueño porque había leído en el último tomo de las Obras completas de William G. Knight que ser millonario no deshonra si no se desprecia a los pobres.
Creo que con ésta será la segunda vez que diga que no todos los tiempos son buenos. Dada la prosperidad del negocio llegó un momento en que del vecindario sólo iban quedando ya las autoridades y sus señoras y los periodistas y sus señoras. Sin mucho esfuerzo, el cerebro de Mr. Taylor discurrió que el único remedio posible era fomentar la guerra con las tribus vecinas. ¿Por qué no? El progreso.
Con la ayuda de unos cañoncitos, la primera tribu fue limpiamente descabezada en escasos tres meses. Mr. Taylor saboreó la gloria de extender sus dominios. Luego vino la segunda; después la tercera y la cuarta y la quinta. El progreso se extendió con tanta rapidez que llegó la hora en que, por más esfuerzos que realizaron los técnicos, no fue posible encontrar tribus vecinas a quienes hacer la guerra.
Fue el principio del fin.
Las vereditas empezaron a languidecer. Sólo de vez en cuando se veía transitar por ellas a alguna señora, a algún poeta laureado con su libro bajo el brazo. La maleza, de nuevo, se apoderó de las dos, haciendo difícil y espinoso el delicado paso de las damas. Con las cabezas, escasearon las bicicletas y casi desaparecieron del todo los alegres saludos optimistas.
El fabricante de ataúdes estaba más triste y fúnebre que nunca. Y todos sentían como si acabaran de recordar de un grato sueño, de ese sueño formidable en que tú te encuentras una bolsa repleta de monedas de oro y la pones debajo de la almohada y sigues durmiendo y al día siguiente muy temprano, al despertar, la buscas y te hallas con el vacío.
Sin embargo, penosamente, el negocio seguía sosteniéndose. Pero ya se dormía con dificultad, por el temor a amanecer exportado.
En la patria de Mr. Taylor, por supuesto, la demanda era cada vez mayor. Diariamente aparecían nuevos inventos, pero en el fondo nadie creía en ellos y todo exigían las cabecitas hispanoamericanas.
Fue para la última crisis. Mr. Rolston, desesperado, pedía y pedía más cabezas. A pesar de que las acciones de la Compañía sufrieron un brusco descenso, Mr. Rolston estaba convencido de que su sobrino haría algo que lo sacara de aquella situación.
Los embarques, antes diarios, disminuyeron a uno por mes, ya con cualquier cosa, con cabezas de niño, de señoras, de diputados.
De repente cesaron del todo.
Un viernes áspero y gris de vuelta de la Bolsa, aturdido aún por la gritería y por el lamentable espectáculo de pánico que daban sus amigos, Mr. Rolston se decidió a saltar por la ventana (en vez de usar el revólver, cuyo ruido lo hubiera llenado de terror) cuando al abrir un paquete del correo se encontró con la cabecita de Mr. Taylor, que le sonreía desde lejos, desde el fiero Amazonas, con una sonrisa falsa de niño que parecía decir: "Perdón, perdón, no lo vuelvo a hacer."

Rulfo, Juan: Macario

Estoy sentado junto a la alcantarilla aguardando a que salgan las ranas. Anoche, mientras estábamos cenando, comenzaron a armar el gran alboroto y no pararon de cantar hasta que amaneció. Mi madrina también dice eso: que la gritería de las ranas le espantó el sueño. Y ahora ella bien quisiera dormir. Por eso me mandó a que me sentara aquí, junto a la alcantarilla, y me pusiera con una tabla en la mano para que cuanta rana saliera a pegar de brincos afuera, la apalcuachara a tablazos... Las ranas son verdes de todo a todo, menos en la panza. Los sapos son negros. También los ojos de mi madrina son negros. Las ranas son buenas para hacer de comer con ellas. Los sapos no se comen; pero yo me los he comido también, aunque no se coman, y saben igual que las ranas. Felipa es la que dice que es malo comer sapos. Felipa tiene los ojos verdes como los ojos de los gatos. Ella e s la que me da de comer en la cocina cada vez que me toca comer. Ella no quiere que yo perjudique a las ranas. Pero a todo esto, es mi madrina la que me manda a hacer las cosas... Yo quiero más a Felipa que a mi madrina. Pero es mi madrina la que saca el dinero de su bolsa para que Felipa compre todo lo de la comedera. Felipa sólo se está en la cocina arreglando la comida de los tres. No hace otra cosa desde que yo la conozco. Lo de lavar los trastes a mí me toca. Lo de acarrear leña p ara prender el fogón también a mí me toca. Luego es mi madrina la que nos reparte la comida. Después de comer ella, hace con sus manos dos montoncitos, uno para Felipa y otro para mí. Pero a veces Felipa no tiene ganas d e comer y entonces son para mí los dos montoncitos. Por eso quiero yo a Felipa, porque yo siempre tengo hambre y no me lleno nunca, ni aun comiéndome la comida de ella. Aunque digan que uno se llena comiendo, yo sé bien que no me lleno por más que coma todo lo que me den. Y Felipa también sabe eso... Dicen en la calle que yo estoy loco porque jamás se me acaba el hambre. Mi madrina ha oído que eso dicen. Yo no lo he oído. Mi madrina no me deja salir solo a la calle. Cuando me saca a dar la vuelta es para llevarme a la iglesia a oír misa. Allí me acomoda cerquita de ella y me amarra las manos con las barbas de su rebozo. Yo no sé por qué me amarra mis manos; pero dice que porque dizque luego hago locuras. Un día inventaron que yo andaba ahorcando a alguien; que le apreté el pescuezo a una señora nada más por nomás. Yo no me acuerdo. Pero, a todo esto, es mi madrina la que dice lo que yo hago y ella nunca anda con mentiras. Cuando me llama a comer, es para darme mi parte de comida, y no como otra gente que me invitaba a comer con ellos y luego que me les acercaba me apedreaban hasta hacerme correr sin comida ni nada. No, mi madrina me trata bien. Por eso estoy contento en su casa. Además, aquí vive Felipa. Felipa es muy buena conmigo. Por eso la quiero... La leche de Felipa es dulce como las flores del obelisco. Yo he bebido leche de chiva y también de puerca recién paridad; pero no, no es igual d e buena que la leche de Felipa... Ahora ya hace mucho tiempo que no me da a chupar de los bultos esos que ella tiene donde tenemos solamente las costillas, y de donde le sale, sabiendo sacarla, una leche mejor que la que nos da mi madrina en el almuerzo de los domingos... Felipa antes iba todas las noches al cuarto donde yo duermo, y se arrimaba conmigo, acostándose encima de mí o echándose a un ladito. Luego se las ajuareaba para que yo pudiera chupar de aquella leche dulce y caliente que se dejaba venir en chorros por la lengua... Muchas veces he comido flores de obelisco para entretener el hambre. Y la leche de Felipa era de ese sabor, sólo que a mí me gustaba más, porque, al mismo tiempo que me pasaba los tragos, Felipa me hacia cosquillas por todas partes. Luego sucedía que casi siempre se quedaba dormida junto a mí, hasta la madrugada. Y eso me servía de mucho; porque yo no me apuraba del frío ni de ningún miedo a condenarme en el infierno si me moría yo solo allí, en alguna noche... A veces no le tengo tanto miedo al infierno. Pero a veces sí. Luego me gusta darme mis buenos sustos con eso de que me voy a ir al infierno cualquier día de éstos, por tener la cabeza tan dura y por gustarme dar de cabezazos contra lo primero que encuentro. Pero viene Felipa y me espanta mis miedos. Me hace cosquillas con sus manos como ella sabe hacerlo y me ataja el miedo ese que tengo de morirme. Y por un ratito hasta se me olvida... Felipa dice, cuando tiene ganas de estar conmigo, que ella le cuenta al Señor todos mis pecados. Que iré al cielo muy pronto y platicará con Él pidiéndole que me perdone toda la mucha maldad que me llena el cuerpo de arriba abajo. Ella le dirá que me perdone, para que yo no me preocupe más. Por eso se confiesa todos los días. No porque ella sea mala, sino porque yo estoy repleto por dentro de demonios, y tiene que sacarme esos chamucos del cuerpo confesándose por mí. Todo s los días. Todas las tardes de todos los días. Por toda la vida ella me hará ese favor. Eso dice Felipa. Por eso yo la quiero tanto... Sin embargo, lo de tener la cabeza así de dura es la gran cosa. Uno da de topes contra los pilares del corredor horas enteras y la cabeza no se hace nada, aguanta sin quebrarse. Y uno da de topes contra el suelo; primero despacito, después más recio y aquello suena como un tambor. Igual que el tambor que anda con la chirimía, cuando viene la chirimía a la función del Señor. Y entonces uno está en la iglesia, amarrado a la madrina, oyendo afuera el tum tum del tambor... Y mi madrina dice que si en mi cuarto hay chinches y cucarachas y alacranes es porque me voy a ir a arder en el infierno si sigo con mis mañas de pegarle al suelo con mi cabeza. Pero lo que yo quiero es oír el tambor. Eso es lo que ella debería saber. Oírlo, como cuando uno esta en la iglesia, esperando salir pronto a la cal le para ver cómo es que aquel tambor se oye de tan lejos, hasta lo hondo de la iglesia y por encima de las condenaciones del señor cura...: "El camino de las cosas buenas está lleno de luz. El camino de las cosas malas es oscuro." Eso dice el señor cura... Yo me levanto y salgo de mi cuarto cuando todavía esta a oscuras. Barro la calle y me meto otra vez en mi cuarto antes que me agarre la luz del día. En la calle suceden cosas. Sobra quien lo descalabre a pedradas apenas lo ven a uno. Llueven piedras grandes y filosas por todas partes. Y luego hay que remendar la camisa y esperar muchos días a que se remienden las rajaduras de la cara o de las rodillas. Y aguantar otra vez que le amarren a uno las manos, porque s i no ellas corren a arrancar la costra del remiendo y vuelve a salir el chorro de sangre. Ora que la sangre también tiene buen sabor aunque, eso sí, no se parece al sabor de la leche de Felipa... Yo por eso, para que no me apedreen, me vivo siempre metido en mi casa. En seguida que me dan de comer me encierro en mi cuarto y atranco bien la puerta para que no den conmigo los pecados mirando que aquello está a oscuras. Y ni siquiera prendo el ocote para ver por dónde se me andan subiendo las cucarachas. Ahora me estoy quietecito. Me acuesto sobre mis costales, y en cuanto siento alguna cucaracha caminar con sus patas rasposas por mi pescuezo le doy un manotazo y la aplasto. Pero no prendo el ocote. No vaya a suceder que me encuentren des prevenido los pecados por andar con el ocote prendido buscando todas las cucarachas que se meten por debajo de mi cobija... Las cucarachas truenan como saltapericos cuando uno las destripa. Los grillos no sé si truenen. A los grillos nunca los mato. Felipa dice que los grillos hacen ruido siempre, sin pararse ni a respirar, para que no se oigan los gritos de las ánimas que están penando en el purgatorio. El día en que se acaben los grillos, el mundo se llenará de los gritos de las ánimas santas y todos echaremos a correr espantados por el susto. Además a mí me gusta mucho estarme con la oreja parada oyendo el ruido de los grillos. En mi cuarto hay muchos. Tal vez haya más grillos que cucarachas aquí entre las arrugas de los costales donde yo me acuesto. También hay alacranes. Cada rato se dejan caer del techo y uno tiene que esperar sin resollar a que ellos hagan su recorrido por encima de uno hasta llegar al suelo. Porque si algún brazo se mueve o empiezan a temblarle a uno los huesos, se siente en seguida el ardor del piquete. Eso duele. A Felipa le picó una vez uno en una nalga. Se puso a llorar y a gritarle con gritos queditos a la Virgen Santísima para que no se le echara a perder su nalga. Yo le unte acute; saliva. Toda la noche me la pasé untándole saliva y rezando con ella, y hubo un rato, cuando vi que no se aliviaba con mi remedio, en que yo también le ayudé a llorar con mis ojos todo lo que pude... De cualquier modo, yo estoy más a gusto en mi cuarto que si anduviera en la calle, llamando la atención de los amantes de aporrear gente. Aquí nadie me hace nada. Mi madrina no me regaña porque me vea comiéndome las flores de su obelisco, o sus arrayanes, o sus granadas. Ella sabe lo entrado en ganas de comer que estoy siempre. Ella sabe que no se me acaba el hambre. Que no me ajusta ninguna comida para llenar mis tripas aunque ande a cada rato pellizcando aquí y allá cosas de comer. Ella sabe que me como el garbanzo remojado que le doy a los puercos gordos y el maíz seco que le doy a los puercos flacos. Así que ella ya sabe con cuánta hambre ando desde que me amanece hasta que me anochece. Y mientras encuentre de comer aquí e n esta casa, aquí me estaré. Porque yo creo que el día en que deje de comer me voy a morir, y entonces me iré con toda seguridad derechito al infierno. Y de allí ya no me sacara nadie, ni Felipa, aunque sea tan buena conmigo, ni el escapulario que me regaló mi madrina y que traigo enredado en el pescuezo... Ahora estoy junto a la alcantarilla esperando a que salgan las ranas. Y no ha salido ninguna en todo este rato que llevo platicando. Si tardan más en salir, puede suceder que me duerma, y luego ya no habrá modo de matarlas, y a mi madrina no le llegará por ningún lado el sueño si las oye cantar, y se llenará de coraje. Y entonces le pedirá a alguno de toda la hilera de santos que tiene en su cuarto, que mande a los diablos por mí, para que me lleven a rastras a la condenación eterna, derechito, sin pasar ni siquiera por el purgatorio, y yo no podré ver entonces ni a mi papá ni a mi mamá que es allí donde están... Mejor seguiré platicando... De lo que más ganas tengo es de volver a probar algunos tragos de la leche de Felipa, aquella leche buena y dulce como la miel que le sale por debajo a las flores del obelisco...

Castillo, Abelardo: Conejo

Y cualquiera que escandalizare a uno de estos
pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le
colgase al cuello una piedra de molino de asno, y
se le anegase en el profundo de la mar.

MATEO, XVIII: 6


No va a venir. Son mentiras lo de la enfermedad y que va a tardar unos meses; eso me lo dijo tía, pero yo sé que no va a venir. A vos te lo puedo decir porque vos entendés las cosas. Siempre entendiste las cosas. Al principio me parecía que eras como un tren o como los patines, un juguete, digo, y a lo mejor ni siquiera tan bueno como los patines, que un conejo de trapo al final es parecido a las muñecas, que son para las chicas. Pero vos no. Vos sos el mejor conejo del mundo, y mucho mejor que los patines. Y las muñecas tienen esos cachetes colorados, redondos. Caras de bobas, eso es lo que tienen.

A mí no me importa si no está. Qué me importa a mí. Y no me vine a este rincón porque estoy triste, me vine porque ellos andan atrás de uno, querés esto y qué querés nene y puro acariciar, como cuando te enfermas y andan tocándote la frente, que parece que los tíos y los demás están para cuando uno se enferma y entonces todo el mundo te quiere. Por eso me vine, y por el estúpido del Julio, el anteojudo ese, que porque tiene once años y usa anteojos se cree muy vivo, y es un pavo que no ve de acá a la puerta y encima siempre anda pegando. Se ríe porque juego con vos, mírenlo, dice, miren al nenito jugando al arrorró. Qué sabe él. Los grandes también pegan. Las madres, sobre todo. Claro que a todos los chicos les pegan y eso no quiere decir nada, pero igual, por qué tienen que andar pegando siempre. Vos, por ahí, vas lo más tranquilo y les decís mira lo que hice, creyendo que está bien, y paf, un cachetazo. Ni te explican ni nada. Y otras veces puro mimo, como ahora, o como cuando te hacen un regalo porque les conviene, aunque no sea Reyes o el cumpleaños.

Yo me acuerdo cuando ella te trajo. Al principio eras casi tan alto como yo, y eras blanco, más blanco que ahora porque ahora estás sucio, pero igual sos el mejor conejo de todos, porque entendés las cosas. Y cómo te trajo también me acuerdo, toma, me dijo, lo compré en Olavarría. El primo Juan Carlos que vive en Olavarría a mí nunca me gustó mucho: los bigotes esos que tiene, y además no es un primo como el Julio, por ejemplo, que apenas es más grande que yo. Es de esos primos de los padres de uno, que uno nunca sabe si son tíos o qué. Era una caja grande, y yo pensaba que sería un regalo extraordinario, algo con motor, como el avión del rusito o una cosa así. Pero era liviano y cuando lo desaté estabas vos adentro, entre los papeles. A mí no me gustaba un conejo. Y ella me dijo por qué me quedaba así, como el bobo que era, y yo le dije esto no me gusta para nada a mí, mira la cabeza que tiene. Entonces dijo desagradecido igual que tu padre.

Después, cuando papá vino del trabajo, todavía seguía enojada y eso que había estado un mes en Olavarría, lejos de papá, y que papá siempre me dice escribile a tu madre que la extrañamos mucho y que venga pronto, pero es él el que más la extraña, me parece. Y esa noche se pelearon. Siempre se pelean, bueno: papá no, él no dice nada y se viene conmigo a la puerta o a la placita Martín Fierro que papá me dijo que era un gaucho. A papá tampoco le gustó nunca el primo Juan Carlos. Y yo no te llevo a la placita, pero porque tengo miedo que los chicos se rían. Ellos qué saben cómo sos vos. No tienen la culpa, claro, hay que conocerte. Yo, al principio, también me creía que eras un juguete como los caballos de madera, o los perros, que no son los mejores juguetes. Pero después no, después me di cuenta que eras como Pinocho, el que contó mamá. Ella contaba cuentos, a la mañana sobre todo, que es cuando nunca está enojada. Y al final vos y yo terminamos amigos, mejor que con los amigos de verdad, los chicos del barrio digo, que si uno no sabe jugar a la pelota en seguida te andan gritando patadura, anda al arco querés, y malas palabras y hasta delante de las chicas te gritan, que es lo peor. Una vez me dijeron por qué no traes a tu hermanito para que atajen juntos, y se reían. Por vos me lo dijeron, por los dientes míos que se parecen a los tuyos. Me parece que te trajeron a propósito a vos, por los dientes.

Ellos vinieron todos, como cuando la pulmonía. Y puro hacer caricias ahora, se piensan que uno es un nenito o un zonzo. O a lo mejor saben que sé, igual que con los Reyes y todo eso, que todo el mundo pone cara de no saber y es como un juego. Y aunque el Julio no me hubiera dicho nada era lo mismo, pero el Julio, la basura esa, para qué tenía que venir a decirme. Era preferible que insultara o anduviera buscando camorra como siempre y no que viniera a decir esa porquería. Si yo ya me había dado cuenta lo mismo. Papá está así, que parece borracho, y dice hacerme esto a mí. Y ellos le piden que se calme, que yo lo estoy mirando. Entonces me vine, para hablar con vos que lo entendés a uno y sos casi mucho mejor que el tren y ni por un avión como el del rusito te cambiaba, que si llegan a imaginar que yo te iba a querer tanto no te traen de regalo, no. Y nadie va a llorar como una nena porque ella está enferma y no puede volver por un tiempo. Y si son mentiras mejor. Oscarcito tampoco lloraba.
Ese día también había venido mucha gente, pero era distinto. En la sala grande había un cajón de muerto para la mamá de Oscarcito. Estaba blanca. Oscarcito parecía no entender nada, nos miraba a todos los chicos, pero no lloró, le decían que la mamá de él estaba en el cielo. Y esto es distinto. Mi mamá no está en el cielo, en Olavarría está. El Julio, la basura esa de porquería me lo dijo, pero a lo mejor se fue enferma a algún otro lado y por qué no puede ser. Todos lo dicen.
Todos menos el primo Juan Carlos, que tampoco está. Y mejor si no está, que a mí no me gustó nunca por más que ella dijera tenes que quererlo mucho, y una vez que yo fui a Olavarría no los dejaba que se quedaran solos. Anda a jugar al patio, siempre querían que me fuera a jugar al patio: ella también. Y después puro regalar conejos, sí. Se creen que uno no se da cuenta, como ahora, que si estuviera enferma no sé para qué lo andan aconsejando a papá y él me mira, y se queda mirándome y me dice hijo, hijo. Y a veces me dan ganas de contestarle alguna cosa, pero no me sale nada, porque es como un nudo. Por eso me vine. Y no para llorar tranquilo sin que me vean. Me vine porque sí, para hablar con vos que lo entendés a uno, y sos el mejor conejo de todos, el mejor del mundo con esas orejas largas, y dos dientes para afuera, como yo cuando me río.

Me parece que no me voy a reír nunca más en la vida yo. Eso es lo que me parece.
Y al final a nadie se le importa un pito de los dientes, porque yo te quiero lo mismo y te quiero porque sí, porque se me antoja. No porque ella te trajo y mejor si no va a volver. Ojalá se muera. Y lo que estoy viendo es que esa cabeza, que tenes no es nada linda, no, y si quiero vamos a ver si no te tiro a la basura, que al final de cuentas nunca me gustaste para nada vos. Y lo que vas a ganar es que te voy a romper todo, los dientes, y las orejas, y esos ojos de vidrio colorado como los estúpidos, así, sin que me dé ninguna gana de llorar ni nada, por más que te arranque el brazo y te escupa todo, y vos te crees que estoy llorando, pero no lloro, aunque te patee por el suelo, así, aunque se te salga todo el aserrín por la barriga y te quede la cabeza colgando, que para eso tengo el tren y los patines y...

(En Las otras puertas)

Rulfo, Juan: Nos han dado la tierra

Después de tantas horas de caminar sin encontrar ni una sombra de árbol, ni una semilla de árbol, ni una raíz de nada, se oye el ladrar de los perros.
Uno ha creído a veces, en medio de este camino sin orillas, que nada habría después; que no se podría encontrar nada al otro lado, al final de esta llanura rajada de grietas y de arroyos secos. Pero si, hay algo. Hay un pueblo. Se oye que ladran los perros y se siente en el aire el olor del humo, y se saborea ese olor de la gente como si fuera una esperanza.
Pero el pueblo está todavía muy allá. Es el viento el que lo acerca.
Hemos venido caminando desde el amanecer. Ahorita son algo así como las cuatro de la tarde. Alguien se asoma al cielo, estira los ojos hacia donde está colgado el sol y dice:
-Son como las cuatro de la tarde.
Ese alguien es Melitón. Junto con él, vamos Faustino, Esteban y yo. Somos cuatro. Yo los cuento: dos adelante, otros dos atrás. Miro más atrás y no veo a nadie. Entonces me digo: "Somos cuatro." Hace rato, como a eso de las once, éramos veintitantos; pero puñito a puñito se han ido desperdigando hasta quedar nada más este nudo que somos nosotros.
Faustino dice:
-Puede que llueva.
Todos levantamos la cara y miramos una nube negra y pesada que pasa por encima de nuestras cabezas. Y pensamos: "Puede que sí."
No decimos lo que pensamos. Hace ya tiempo que se nos acabaron las ganas de hablar. Se nos acabaron con el calor. Uno platicaría muy a gusto en otra parte, pero aquí cuesta trabajo. Uno platica aquí y las palabras se calientan en la boca con el calor de afuera, y se le resecan a uno en la lengua hasta que acaban con el resuello. Aquí así son las cosas. Por eso a nadie le da por platicar.
Cae una gota de agua, grande, gorda, haciendo un agujero en la tierra y dejando una plasta como la de un salivazo. Cae sola. Nosotros esperamos a que sigan cayendo más. No llueve. Ahora si se mira el cielo se ve a la nube aguacera corriéndose muy lejos, a toda prisa. El viento que viene del pueblo se le arrima empujándola contra las sombras azules de los cerros. Y a la gota caída por equivocación se la come la tierra y la desaparece en su sed,
¿Quién diablos haría este llano tan grande? ¿Para qué sirve, eh?
Hemos vuelto a caminar. Nos habíamos detenido para ver llover. No llovió. Ahora volvemos a caminar. Y a mí se me ocurre que hemos caminado más de lo que llevamos andado. Se me ocurre eso. De haber llovido quizá se me ocurrieran otras cosas. Con todo, yo sé que desde que yo era muchacho, no vi llover nunca sobre el Llano, lo que se llama llover.
No, el Llano no es cosa que sirva. No hay ni conejos ni pájaros. No hay nada. A no ser unos cuantos huizaches trespeleques y una que otra manchita de zacate con las hojas enroscadas; a no ser eso, no hay nada.
Y por aquí vamos nosotros. Los cuatro a pie. Antes andábamos a caballo y traíamos terciada una carabina. Ahora no traemos ni siquiera la carabina.
Yo siempre he pensado que en eso de quitarnos la carabina hicieron bien. Por acá resulta peligroso andar armado. Lo matan a uno sin avisarle, viéndolo a toda hora con "la 30" amarrada a las correas. Pero los caballos son otro asunto. De venir a caballo ya hubiéramos probado el agua verde del río, y paseado nuestros estómagos por las calles del pueblo para que se les bajara la comida. Ya lo hubiéramos hecho de tener todos aquellos caballos que teníamos. Pero también nos quitaron los caballos junto con la carabina.
Vuelvo hacia todos lados y miro el Llano. Tanta y tamaña tierra para nada. Se le resbalan a uno los ojos al no encontrar cosa que los detenga. Sólo unas cuantas lagartijas salen a asomar la cabeza por encima de sus agujeros, y luego que sienten la tatema del sol corren a esconderse en la sombrita de una piedra. Pero nosotros, cuando tengamos que trabajar aquí, ¿qué haremos para enfriarnos del sol eh? Porque a nosotros nos dieron esta costra de tepetate para que la sembráramos.
Nos dijeron:
-Del pueblo para acá es de ustedes.
Nosotros preguntamos:
-¿El Llano?
-Sí, el Llano. Todo el Llano Grande.
Nosotros paramos la jeta para decir que el Llano no lo queríamos. Que queríamos lo que estaba junto al río. Del río para allá, por las vegas, donde están esos árboles llamados casuarinas y las paraneras y la tierra buena. No este duro pellejo de vaca que se llama el Llano.
Pero no nos dejaron decir nuestras cosas. El delegado no venía a conversar con nosotros. Nos puso los papeles en la mano y nos dijo:
-No se vayan a asustar por tener tanto terreno para ustedes solos.
-Es que el Llano, señor delegado...
-Son miles y miles de yuntas.
-Pero no hay agua. Ni siquiera para hacer un buche hay agua.
¿Y el temporal? Nadie les dijo que se les iba a dotar con tierras de riego. En cuanto allí llueva, se levantará el maíz como si lo estiraran.
-Pero, señor delegado, la tierra está deslavada, dura. No creemos que el arado se entierre en esa como cantera que es la tierra del Llano. Habría que hacer agujeros con el azadón para sembrar la semilla y ni aun así es positivo que nazca nada; ni maíz ni nada nacerá.
-Eso manifiéstenlo por escrito. Y ahora váyanse. Es al latifundio al que tienen que atacar, no al Gobierno que les da la tierra.
-Espérenos usted, señor delegado. Nosotros no hemos dicho nada contra el Centro. Todo es contra el Llano... No se puede contra lo que no se puede. Eso es lo que hemos dicho... Espérenos usted para explicarle. Mire, vamos a comenzar por donde íbamos...
Pero él no nos quiso oír.
Así nos han dado esta tierra. Y en este comal acalorado quieren que sembremos semillas de algo, para ver si algo retoña y se levanta. Pero nada se levantará de aquí. Ni zopilotes. Uno los ve allá cada y cuando, muy arriba, volando a la carrera; tratando de salir lo más pronto posible de este blanco terrenal endurecido, donde nada se mueve y por donde uno camina como reculando.
Melitón dice:
-Esta es la tierra que nos han dado.
Faustino dice:
-¿Qué?
Yo no digo nada. Yo pienso: "Melitón no tiene la cabeza en su lugar. Ha de ser el calor el que lo hace hablar así. El calor, que le ha traspasado el sombrero y le ha calentado la cabeza. Y si no, ¿por qué dice lo que dice? ¿Cuál tierra nos ha dado, Melitón? Aquí no hay ni la tantita que necesitaría el viento para jugar a los remolinos."
Melitón vuelve a decir:
-Servirá de algo. Servirá aunque sea para correr yeguas.
-¿Cuáles yeguas? -le pregunta Esteban.
Yo no me había fijado bien a bien en Esteban. Ahora que habla, me fijo en él.
Lleva puesto un gabán que le llega al ombligo, y debajo del gabán saca la cabeza algo así como una gallina.
Sí, es una gallina colorada la que lleva Esteban debajo del gabán. Se le ven los ojos dormidos y el pico abierto como si bostezara. Yo le pregunto:
-Oye, Teban, ¿dónde pepenaste esa gallina?
-Es la mía dice él.
-No la traías antes. ¿Dónde la mercaste, eh?
-No la merqué, es la gallina de mi corral.
-Entonces te la trajiste de bastimento, ¿no?
-No, la traigo para cuidarla. Mi casa se quedó sola y sin nadie para que le diera de comer; por eso me la traje. Siempre que salgo lejos cargo con ella.
-Allí escondida se te va a ahogar. Mejor sácala al aire.
Él se la acomoda debajo del brazo y le sopla el aire caliente de su boca. Luego dice:
-Estamos llegando al derrumbadero.
Yo ya no oigo lo que sigue diciendo Esteban. Nos hemos puesto en fila para bajar la barranca y él va mero adelante. Se ve que ha agarrado a la gallina por las patas y la zangolotea a cada rato, para no, golpearle la cabeza contra las piedras.
Conforme bajamos, la tierra se hace buena. Sube polvo desde nosotros como si fuera un atajo de mulas lo que bajará por allí; pero nos gusta llenarnos de polvo. Nos gusta. Después de venir durante once horas pisando la dureza del Llano, nos sentimos muy a gusto envueltos en aquella cosa que brinca sobre nosotros y sabe a tierra.
Por encima del río, sobre las copas verdes de las casuarinas, vuelan parvadas de chachalacas verdes. Eso también es lo que nos gusta.
Ahora los ladridos de los perros se oyen aquí, junto a nosotros, y es que el viento que viene del pueblo retacha en la barranca y la llena de todos sus ruidos.
Esteban ha vuelto a abrazar su gallina cuando nos acercamos a las primeras casas. Le desata las patas para desentumecerla, y luego él y su gallina desaparecen detrás de unos tepemezquites.
-¡Por aquí arriendo yo! -nos dice Esteban.
Nosotros seguimos adelante, más adentro del pueblo.
La tierra que nos han dado está allá arriba.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Teoría Literaria: Recursos literarios. Herramientas para el análisis de poemas y canciones

Ablativo absoluto - el empleo del participio perfecto con fuerza de toda una cláusula adverbial. Ejemplo: Hecho ya el trabajo se fue.

Acumulación - la abundancia de detalles amontonados. Ejemplo: Cuán frágil es, cuán mísera, cuán vana.

Acusativo griego - cuando las palabras modificantes concuerdan no con las palabras que modifican sino con el sujeto principal, reemplazando así una preposición que requiere el caso acusativo. Ejemplo: Desnuda el pecho anda ella (Ella anda con el pecho desnudo)

Alegoría - (en griego: otra lectura). Un conjunto de elementos descriptivos o narrativos en el que cada elemento corresponde directamente a los elementos de otro conjunto, distinto del que representan en el sentido literal.

Aliteración - la repetición de consonantes en un pasaje, sobre todo de consonantes iniciales. Ejemplo: ...un no sé qué que quedan balbuciendo.

Alusión - la descripción de cualidades de un objeto o de una persona por medio de citar o mencionar (aludir a) otro (bíblico, literario, histórico, etc.). Ejemplo: Un Job era deste siglo presente

Amplificación - expansión por medio de descripciones, comparaciones, repeticiones. Ejemplo: ¿Qué es la vida? Un frenesí;/ ¿Qué es la vida? Una ilusión,/ una sombra, una ficción...

Anacoluto
Consiste en abandonar la construcción sintáctica con la que se iniciaba una frase y pasar a otra porque en ese momento ha surgido una idea que se ha hecho dominante, con la consecuencia de una falta de coherencia gramatical. Fue un recurso muy utilizado en la literatura clásica por su expresividad y también es muy frecuente en el lenguaje coloquial: Yo, no tienes razón porque..., dice alguien en un coloquio al tomar la palabra y expresar su opinión. La frase sintácticamente correcta sería: Yo no estoy de acuerdo contigo porque..., pero con el anacoluto llama la atención al grupo sobre su persona y lo predispone a que le escuche. Un ejemplo de la literatura clásica puede ser esta estrofa de Jorge Manrique: Aquel de buenos amigos amado por virtuoso de la gente, el maestro don Rodrigo Manrique, tan famoso y tan valiente, sus grandes hechos y claros no cumple que los alabe.
En esta oración, Aquel de buenos amigos queda sin verbo, aunque la idea de que sus grandes hechos fueron realizados por don Rodrigo está clara y, entonces el poeta comenta que, dado que son tan conocidos, no tiene porqué alabarlos, con lo que los realza.

Anacronismo - el empleo de un elemento para ornamentar a otro fuera de su debido tiempo cronológico. Ejemplo: En ventura Octaviano... (Hablando del padre de Jorge Manrique)

Anáfora - repetición deliberada de una palabra (o más) al comienzo de varios versos o estrofas para prestar un tono reforzado al estilo. Ejemplo: Sueña el que a medrar empieza,/sueña el que afana y pretende,/ sueña el que agravia y ofende,/ y en el mundo, en conclusión,/ todos sueñan lo que son.
Ejemplo 2: Bate, bate, chocolate, con harina y con tomate.
Ejemplo 3: Menos tu vientre todo es confuso./ Menos tu vientre todo es futuro fugaz,/ pasado baldío y turbio./ Menos tu vientre todo inseguro,/ todo postrero polvo sin mundo./ Menos tu vientre todo es oscuro,/ menos tu vientre claro y profundo.

Analogía - una semejanza establecida por la imaginación entre dos o más cosas concebidas como distintas.
Ejemplo: Nuestras vidas son los ríos/ que van a dar en la mar/ que es el morir.

Anástrofe - inversión del orden normal para dar énfasis al segmento final. Ejemplo: En tu edad ningún peligro hay leve.

Anticlímax - Serie de ideas que abruptamente disminuye en dignidad e importancia al final de un periodo o pasaje, generalmente para lograr un efecto satírico. Como ilustración del anticlímax valga el siguiente fragmento de Enrique Jardiel Poncela hablando de sí mismo en Amor se escribe sin hache: Gano mi dinero honradamente,/ con el trabajo de mi cerebro, / lo cual es poco frecuente entre gente de pluma (literatos y avestruces).
Compárese con Clímax, más abajo.

Antífrasis - emplear una palabra o una expresión en sentido contrario al literal por medio de la ironía o eufemismo. Ejemplo: ¡Vete al cielo!; o bien, ¡Pégale bien, pero en la cara redonda!

Antítesis - presentación de una idea por medio de términos contradictorios, en forma paralelística y concisa. Ejemplo: Sirena dulce si no esfinge bella.
Yuxtaposición de dos palabras, frases, cláusulas u oraciones de significado opuesto con el fin de enfatizar el contraste de ideas. Ejemplos de antítesis son los siguientes versos de Lope de Vega, en un poema que se refiere a la dificultad de consolar a un desdichado: Fuego es el agua, el céfiro pesado,/ sierpes las flores, arenal el prado.
En el caso de “música callada” de san Juan de la Cruz, la figura recibe el nombre de oxímoron, palabra que, derivada del griego oxys (agudo) y moron (romo), contiene en sí misma esta fusión de opuestos.

Antonomasía - el empleo del nombre de una persona para representar una abstracción. Ejemplo: Casi en sombra de la muerte, un nuevo Orfeo.
Figura que consiste en utilizar un adjetivo para referirse a un nombre porque se parte de la idea de que le corresponde de manera inconfundible. Está muy relacionada con la metonimia y la sinécdoque (véase más adelante). Así, por ejemplo, Simón Bolívar es El Libertador, a Jesucristo se le llama el Salvador, a Aristóteles, el Estagirita, a Alfred Hitchcock, el maestro del suspense, e incluso nombres genéricos pasan a convertirse en específicos, como la palabra nuez que es la nuez del nogal. Por antonomasia, muchos nombres que eran propios se han convertido en comunes con el significado y atributos del personaje originario, como donjuán, quijote, celestina.
A veces se utiliza equivocadamente la palabra antonomasia por la expresión por excelencia. Esto no es correcto ya que esta última lo que hace es atribuir una cualidad en grado sumo a alguien, pero no excluyente, por ejemplo, Jorge Negrete es el cantante mexicano por excelencia, pero no se puede decir por antonomasia, ya que no se establece la relación directa Cantante mexicano = Jorge Negrete, como si se establece entre Simón Bolívar = Libertador.

Apóstrofe - el dirigirse a una persona o a una idea personificada. Ejemplo: Y tú, Amor...
Figura por la cual el hablante interrumpe el discurso para dirigirse a una persona ausente o muerta, a un objeto inanimado, a una idea abstracta, a quienes lo escuchan o leen o a sí mismo. Es frecuente, por tanto, en la plegaria, en los soliloquios o monólogos, en las invocaciones, como en el siguiente ejemplo de Gustavo Adolfo Bécquer: Olas gigantes que os rompéis bramando/ En las playas desiertas y remotas, / Envuelto entre la sábana de espumas,/ Llevadme con vosotras.

Apoteosis - la deificación de un hombre o de una calidad humana. Ejemplo: Melibeo soy. En Melibea creo.

Asíndeton - supresión de la conjunción copulativa. Ejemplo: … en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.
Consiste en eliminar cópulas sintácticas, generalmente conjunciones, entre términos que deberían ir unidos. Se usa mucho en el lenguaje literario y coloquial y produce un efecto de rapidez. Un ejemplo de asíndeton muy conocido es la frase de Julio César: Veni, vidi, vici (Vine, vi, vencí).

Asonancia - la rima femenina o masculina de vocales (véase arriba lo tocante a rima), o la repetición dentro del verso de la misma vocal en sílabas acentuadas. Ejemplo: infame turba de nocturnas aves.

Bimembración - la división de un concepto o un verso en dos elementos paralelos. Véase también polimembración. Ejemplo: al sonoro cristal, al cristal mudo.

Calambur - Se produce cuando las sílabas de una o más palabras agrupadas de otra manera dan un significado diferente y hasta contradictorio. Además de su uso literario también se utiliza mucho en retahílas, adivinanzas y juegos de palabras, propios del lenguaje oral, como Y lo es, y lo es, quien no lo adivine tonto es (Hilo es, hilo es...); Lana sube, lana baja (la navaja). Un ejemplo literario muy conocido sería la frase mordaz que utilizó Francisco de Quevedo para referirse a Lope de Vega: A este Lopico (A éste, lo pico).

Clímax - Disposición de palabras, cláusulas o periodos según su orden de importancia o según un criterio de gradación ascendente. Es frecuente en las enumeraciones, como en esta estrofa de César Vallejo: Y todavía, aun ahora, al cabo del cometa en que he ganado mi bacilo feliz y doctoral, he aquí que caliente, oyente, tierra, sol y luna, incógnito atravieso el cementerio, tomo a la izquierda, hiendo la yerba con un par de endecasílabos, años de tumba, litros de infinito, tinta, pluma, ladrillos y perdones.
Compárese con Anticlímax, arriba.

Comparación O Símil - Relación entre dos clases de ideas u objetos, la cual se establece mediante la conjunción comparativa como: tu cabello sombrío como una larga y negra carcajada(Ángel González); cual y fórmulas afines como tal, semejante, así, flexiones del verbo parecer, semejar o figurar; términos que indican parentesco o imitación: el sueño es hermano de la muerte; Negro el cabello, imitador undoso de las obscuras aguas del Leteo (Góngora); Pura, encendida rosa, émula de la llama que sale con el día (Francisco de Rioja); aposición: esa ráfaga, el tango, esa diablura (Jorge Luis Borges).
Compárese con Metáfora, más abajo.

Concepto - Metáfora (véase más abajo) elaborada, a menudo extravagante, que establece una analogía entre cosas totalmente disímiles. El uso de conceptos es especialmente característico de la poesía metafísica inglesa del siglo XVII y ha dado nombre al conceptismo español (véase Barroco: Culteranismo y conceptismo), representado especialmente por Francisco de Quevedo y por Baltasar Gracián. La imagen de la plaga le sirve a Quevedo para hacer una analogía entre langostas y letrados: y todos se gradúan de doctores, bachilleres, licenciados y maestros, más por los mentecatos con quien tratan, que por las universidades; y valiera más a España langosta perpetua que licenciados al quitar.

Decoro - el empleo de elementos apropiados al sujeto.

Elipsis - dejar una idea incompleta. Ejemplo: Anoche soñé... ¿Dirélo?

Emblema - una imagen o una figura simbólica acompañada de una divisa o lema o una referencia a un emblema consagrado por la tradición. Ejemplo: el dulce nido del ciego niño

Encabalgamiento - dos versos que siguen sin pausa por necesidad del sentido o sintaxis. Ejemplo: Pues no hay otro camino/ por donde mis razones/ vayan fuera de aquí, sino corriendo/ por tus aguas, y siendo/ en ellas anegadas.

Epíteto - lo que se refiere a una persona o su nombre. Ejemplo: El Cid - "el que en buen hora nació."

Eufemismo - Sustitución de un término o frase que tiene connotaciones desagradables o indecorosas por otros más delicados o inofensivos. Puede rozar a veces el lenguaje pretencioso o lisa y llanamente cursi, tendencia que el mismo Quevedo ridiculiza en La culta latiniparla (llamar “calendas purpúreas” a la menstruación); tiene también connotaciones irónicas, como cuando designa ese lugar “donde la espalda pierde su honesto nombre”; sirve, en muchos casos, como refuerzo de la doble moral y atenuación de los prejuicios: una mujer de color (negra); la tercera edad (la vejez). Una fórmula heredada de la edad media para designar la homosexualidad, el pecado nefando (el pecado que no debe mencionarse), se convirtió en el amor que no osa decir su nombre o el amor oscuro (García Lorca).

Exclamación - Forma del lenguaje que expresa una emoción intensa como el temor, el dolor o la sorpresa. Se distingue por la entonación a la que normalmente acompañan, aunque no siempre, los signos exclamativos. De Vicente Aleixandre, que ha expresado el valor interjectivo del lenguaje poético, son estos versos: ¡Quién un beso pusiera en esa piedra piedra tranquila que espesor de siglos es a una boca! ¡Besa, besa! ¡Absorbe!
A Alejandra Pizarnik pertenece el ejemplo siguiente, donde se han eliminado los signos pero su entonación es claramente exclamativa: Oh ayúdame a escribir el poema más prescindible el que no sirva ni para ser inservible ayúdame a escribir palabras en esta noche en este mundo.

Gradación - elementos calificativos que van en orden de importancia creciente o menguante. Ejemplo: Mal te perdonarán a ti las horas/ las horas que limando están los días,/ los días que royendo están los años.

Hipérbato - ordenación anormal asintáctica de palabras. Ejemplo: Un monte era de miembros eminente
Alteración del orden lógico de los términos en una oración gramatical. Suele usarse más en la lengua escrita que en la oral. La ortografía normativa marca que cuando se produce un hipérbaton, se marque con comas, así por ejemplo: De mayor, quiere ser artista, con el fin de que quede clara la alteración que se ha producido en la frase. A veces, tiene valor literario pero en otras ocasiones su uso es incorrecto, como en Una solución quiero, ya que el complemento directo una solución aparece en el lugar del sujeto con un verbo en primera persona; ni siquiera con la coma, Una solución, quiero, la frase sería correcta en español. También se considera una figura de dicción, pues se utiliza mucho en el lenguaje literario, especialmente en la poesía y, sobre todo, por aquellos poetas con una gran preocupación por la forma, llegando a veces a situaciones audaces, como en este verso de Garcilaso de la Vega: de verdes sauces hay una espesura, impensable en otras situaciones —de fresa hay helados—, pero aquí lo que busca el poeta es ritmo, musicalidad y adelantar la imagen visual verdes sauces que en realidad son los que forman la espesura.

Hipérbole - exageración sorprendente con el motivo de hacer aceptar lo inverosímil. Ejemplo: Yo a vos fui siempre leal/ más que fue Paris a Elena.
Figura que consiste en exagerar los rasgos de una persona o cosa, ya por exceso (Érase un hombre a una nariz pegado, Francisco de Quevedo), ya por defecto (¿Qué me importaban sus labios por entregas...?, O. Girondo), y que lleva implícita una comparación o una metáfora. Compárese con Litotes, más abajo.

Imagen – representación mental de una situación, un personaje, un objeto, un sentimiento. Se las clasifica en imágenes emotivas a aquellas que apuntan a los sentimientos, emociones y/o pensamientos del lector, y sensoriales a aquellas que buscan el efecto en los sentidos del lector. Estas últimas se clasifican de acuerdo al sentido al que apunten. Se obtienen así imágenes sensoriales auditivas, olfativas, gustativas, táctiles y visuales. Las sensoriales visuales, a su vez, se clasifican en visuales cromáticas –aquellas que describen formas y colores- y visuales cinéticas, las que muestran el dinamismo o movimiento.

Interrogación Retórica - La que no se realiza para obtener información sino para afirmar con mayor énfasis la respuesta contenida en la pregunta misma o, en otros casos, la ausencia o imposibilidad de respuesta. Muy frecuente en la poesía de Juan Gelman, como lo demuestran estos versos de Cartas: ¿hay caballos para derrotar al enemigo? el que vivió cinco días ¿no es un caballo para derrotar al enemigo? ¿no está galopando o corriendo ahora entre tus brazos y mis brazos, amada?

Ironía - saber lo que otros no sabemos que sabemos, o decir el contrario de lo que literalmente significan las palabras (puede llegar al sarcasmo cuando se hace amarga o cruel). Ejemplo: Bien podéis salir desnudo/ pues mi llanto no os ablanda;/ que tenéis de acero el pecho/ y no habéis menester armas.
Figura de dicción en la que las palabras suelen trasmitir un significado contrario a su sentido literal, entre el humor seco y el ligero sarcasmo, o, más sencillamente, figura mediante la cual se dice lo que no se dice. Abundan los ejemplos coloquiales: decir ¡qué bonito! para enfatizar una mala acción o un error. El escritor cubano Virgilio Piñera recurre a la ironía, en su cuento La carne, donde los personajes, ante la escasez de carne, deciden alimentarse cortando filetes de su propio cuerpo.


Litote - emplear una expresión menos fuerte de la entendida. Ejemplo: "menos mal" o "no es mala la idea"
Figura también llamada atenuación, consiste en decir menos para decir más. El procedimiento de la disminución es complementario del aumento propio de la hipérbole (véase más arriba). Es muy frecuente en la litotes el recurso de la negación: no fue poco lo que hablaron o, como en el siguiente ejemplo de Cervantes: Vio (D. Quijote) no lejos del camino una venta que fue como si viera una estrella que no a los portales, sino a los alcázares de su redención le encaminaba.
A veces la entonación marca el énfasis de la litotes; después de una enumeración de esfuerzos y actividades realizadas, el emisor pregunta: ¿Te parece poco?

Metáfora - una manera de sustituir una palabra o expresión por otra, con la que tiene algún rasgo en común. Ejemplo: "Una prisión de nácar"-perla, o bien "campo de flores lucientes"-cielo.
Uso de una palabra o frase que denota una idea u objeto en lugar de otra con el fin de sugerir un vínculo entre ambas. Elimina todos los nexos y fórmulas de la comparación (véase arriba). Por ejemplo: de sus hebras el tesoro (José Antonio Porcel), por los cabellos rubios.
También puede explicarse la metáfora como una doble sinécdoque (véase abajo): si se descompone la noción esfera en sus partes, es decir, todos los objetos que la representan (luna, canica, botón, mesa camilla y otros) y se elige uno de éstos, es posible llegar a luna donde comemos las migajas (donde luna y mesa son dobles de esfera).

Metátesis - Es una figura de dicción en la preceptiva tradicional y se produce cuando un sonido cambia de lugar en una palabra; también es un fenómeno frecuente en el habla vulgar, como Grabiel por ‘Gabriel’ o satifación por ‘satisfacción’.
Esta transposición era muy frecuente en latín vulgar y a ella se deben muchas voces del léxico español, así la palabra latina perículu(m) en latín vulgar era periglo que dio la castellana peligro; el mismo fenómeno se produjo en spatula(m) > espadla > espalda.
Como figura de dicción literaria es propia de los recursos estilísticos que buscan la sonoridad, como se observa en los versos de un romance del Cancionero musical de Palacio en los que se combina trayáis / traigáis y compañía / compaña: Venid a la luz del día,no me trayáis compañía. Venid a la luz del alba,non traigáis gran compaña.

Metonimia - el empleo de una palabra o expresión para indicar otra relacionada (como la causa por el efecto, lo que contiene por lo contenido, etc.). Ejemplo: Vertido Baco el fuerte arnés afea (Vino).
Uso de una palabra o frase por otra con la que tiene una relación de contigüidad, como el efecto por la causa (la dolorosa, por la cuenta que hay que pagar), lo concreto por lo abstracto (unos nacen con estrella...), el instrumento por la persona que lo utiliza (una de las mejores plumas del país por escritor) y otras construcciones similares. Borges cita dos ejemplos de Lugones: “áridos camellos” y “lámparas estudiosas”, y uno de Virgilio: “Ibant obscuri sola sub nocte per umbras” (Iban oscuros bajo la noche sola entre las sombras). En todos ellos puede hablarse de desplazamientos metonímicos.

Onomatopeya - una palabra que tiene el sonido del significado. Ejemplo: “el susurro de las abejas", o bien "maullar del gato".
Imitación con palabras de sonidos naturales: frufrú, tictac, tintineo. La armonía imitativa es una figura próxima a la onomatopeya y a la aliteración (véase Versificación) y por ella pueden reproducirse ciertos efectos auditivos y hasta emotivos por la repetición de determinados fonemas. Un buen ejemplo de armonía imitativa y onomatopeya es el poema representable de Rafael Alberti Buster Keaton busca por el bosque a su novia, que es una verdadera vaca.

Oxímoron - poner elementos contrarios en conjunción. Ejemplo: “cortesanos labradores", "esqueleto vivo"
Figura de dicción que consiste en unir dos palabras contradictorias con el fin de conseguir un efecto inesperado o de aumentar la idea linealmente expresada. Por ejemplo, el título de una obra del comediógrafo italiano Dario Fo, Sanos de atar, une la idea de cuerdo (‘sano’) con la de loco (se dice, ‘loco de atar’) así pues, esos sanos no están tan cuerdos. La frase Este trabajo no está nada mal, significa que está muy bien, por lo tanto, se realza el trabajo. Otras veces se usa un oxímoron cuando no se quiere expresar claramente una idea por respeto, educación, adulación. La etimología de este término es un oxímoron ya que procede del griego oxys, ‘agudo’, ‘sutil’, ‘brillante’ y móros, ‘destino’, ‘desgracia’, ‘muerte’.

Paradoja- dos cosas que evidentemente se niegan o se contradicen, pero por lo que sigue, no lo son. Ejemplo: un cuerpo con poca sangre,/ pero con dos corazones.
Enunciado que resulta absurdo para el sentido común o para las ideas preconcebidas. Ejemplos: vivo en conversación con los difuntos y escucho con mis ojos a los muertos (Quevedo); murió mi eternidad y estoy velándola (César Vallejo).

Paragoge - Se considera figura de dicción, licencia métrica o expresión coloquial y consiste en añadir un sonido al final de una palabra, así huéspede, por ‘huésped’. En los siguientes versos de un romance medieval, la e añadida al final de los versos consigue que éstos tengan ocho sílabas y mantener la rima: De las dos hermanas, dose, ¡válame la gala de la menore!
En español, la paragoge ha sido muy utilizada para la incorporación de vocablos extranjeros que acababan en una consonante extraña en esa posición, así de club, ‘clube’, de telephon, ‘teléfono’, de diskett, ‘disquete’; pero, a veces, se producen incorrecciones tratando de seguir esta tendencia de la lengua española y está considerado vulgar decir fraque, por ‘frac’.

Paralelismo - estructuras seguidas que se relacionan entre cosas comparables. Ejemplo: su boca dio, y sus ojos cuanto pudo,/ al sonoro cristal, al cristal mudo.

Parataxis - la coordinación de elementos de una cláusula. Ejemplo: labré, cultivé, cogí, / con piedad, con fe, con celo,/ tierras, virtudes, y cielo.

Paronomasia - el empleo de palabras con casi el mismo sonido. Ejemplo: sin velas desvelada/ y entre las olas sola.
Combinación de palabras que tienen una fonética parecida pero un significado distinto; por ejemplo, este verso de Francisco de Quevedo: ‘Con dados’ ganan ‘condados’. Es un recuso muy utilizado en adivinanzas, retahílas, cuentos tradicionales y chistes: ‘Poco a poco’ hila la vieja el ‘copo’.

Perífrasis - emplear varias palabras en vez de una sola, o sea circumlocución. Ejemplo: un rubio hijo de una encina hueca (panal de miel)

Personificación - dar calidades humanas a cosas inanimadas. Ejemplo: ¡Oh noche que guïaste...
Representación de objetos inanimados o ideas abstractas como seres vivientes. Es frecuente en la fábula. Hay personificación en: La memoria tocará las palabras que te oí (Andrés Sánchez Robayna); Como una mariposa la viola apenas viola el reposo del aire (Ángel González).

Pleonasmo - Recurso que consiste en utilizar palabras innecesarias, es decir, que no añaden información a la frase, con el fin de enfatizar o realzar una idea, como: lo vi con mis propios ojos, aunque a veces es una incorrección lingüística: subir arriba, comer una comida muy buena, ya que siempre se sube arriba y se come comida.
Es un recurso muy utilizado en literatura, como De los sus ojos tan fuertemiente llorando, primer verso del Cantar de mío Cid, el pleonasmo consiste en que siempre se llora por los ojos, pero aquí se quiere humanizar y enfatizar el llanto del Cid al abandonar su casa camino del destierro.

Polimembración - la división de un concepto en varios elementos paralelos. Ejemplo: ¡Fue sueño ayer; mañana será tierra!/ ¡Poco antes, nada; y poco después, humo!

Polisemia - El empleo de una palabra con varios significados a la misma vez. Ejemplo: Volvióse en bolsa Júpiter severo;/ levantóse las faldas la doncella/ por recogerle en lluvia de dinero.

Polisíndeton - la adición de innecesarias conjunciones copulativas. Ejemplo: preso y forzado y solo en tierra ajena
Repetición innecesaria de conjunciones con el fin de dar más expresividad a la frase. Se usa mucho en los cuentos tradicionales e infantiles: Cuando Alí Babá entró en la cueva quedó maravillado ante tantas riquezas: había monedas de oro y brillantes y ricas sedas y perlas y zafiros...; el efecto que se consigue con este recurso es sorprender, pues como el uso normativo de la conjunción es cerrar una relación, el lector u oyente cada vez que aparece la conjunción cree que la relación ha terminado, sin embargo, no es así y, por lo tanto, crece su expectación. No tiene porqué ser siempre una conjunción copulativa, como se ve en estos versos de Fuenteovejuna de Lope de Vega, puestos en boca de Laurencia: Dadme unas armas a mí, pues sois piedras, pues sois bronces, pues sois jaspes, pues sois tigres...

Prosopopeya - atribuir sentimientos humanos a la naturaleza, generalmente en simpatía con el ser humano tratado en el pasaje. Ejemplo: Se desatacó la noche/ y se orinaron las nubes. (Sobre Leandro)

Quiasmo - presentación de un par sintáctico ya presentado en orden contrario. Ejemplo: apenas llega cuando llega a penas.
Figura de dicción que consiste en presentar de manera cruzada dos ideas paralelas e invertidas. Siempre son cuatro elementos que se corresponden como los puntos extremos de un aspa: Cuando tenía hambre, no tenía comida y ahora que tengo comida, no tengo hambre.
A veces, el quiasmo contrapone ideas contradictorias que conducen al mismo fin, como en esta redondilla (véase Versificación) de Francisco de Quevedo: Ojos [se refiere a los de una dama], yo no sé qué espero, viendo cómo me tratáis, pues si me veis, me matáis; y si yo os miro, me muero.

Símil - la comparación explícita de dos cosas. Ejemplo: Como la tierna madre que el doliente/ hijo le está con lágrimas pidiendo/ (…)/ así a mi enfermo y loco pensamiento

Sinécdoque - tomar el mayor por el menor, la materia por el objeto, o la parte por el todo. Ejemplo: viendo que sus ojos a la guerra van
Figura que se rige por la relación de inclusión; en el caso de la metonimia (véase más arriba) la relación es de contigüidad: el todo por la parte, la parte por el todo, la especie por el género y viceversa, el singular por el plural. Puede estudiarse, como todas las demás figuras, en otras artes y no sólo en la literatura: la mano que aprieta el gatillo (es una parte del todo, persona), los pies suspendidos del ahorcado.

Sinestesia - la percepción de una imagen por medio del sentido que no la pertenece. Ejemplo: la canción azul
Unión de dos imágenes que pertenecen a diferentes mundos sensoriales, como animoso viento, ‘animoso’ es un adjetivo que se usa para referirse a seres animados e indica que tiene ánimo y valor, y viento es un fenómeno de la naturaleza; el viento se siente físicamente y lo animoso, anímicamente; verde chillón, ‘lo verde’ se percibe por la vista, ‘lo chillón’ por el oído.

Zeugma - el empleo de un solo pronombre con dos antecedentes posibles. Ejemplo: sucia de besos y arena/ yo me la llevé del río.
Construcción sintáctica que consiste en utilizar una sola vez una palabra, aunque ésta se refiera a otras más del periodo. Un ejemplo de zeugma es el retrato que Miguel de Cervantes hace de Alonso Quijada en el primer capítulo de Don Quijote de la Mancha: Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años; era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza.
En esta frase era no sólo se refiere a la complexión, sino a todas las otras características físicas que está describiendo.

martes, 12 de octubre de 2010

Teoría: Análisis del Discurso 1 - Inferencias

El uso del lenguaje está regulado de tal manera que hace posible que los hablantes no sólo decodifiquen, sino que infieran, es decir, deduzcan las intenciones (acto ilocutorio) de los enunciados.
Los casos de inferencia son:

a. Ironía: se habla con ironía cuando en un contexto determinado decimos algo contrario a lo esperado. Por lo tanto, el emisor produce 2 afirmaciones: la literal y la inferida o sobreentendida, que es la que corresponde a su verdadera intención.

De "Teoría de los tropos", propuesta por Juan Bautista Vico, 1668 - 1744, en Hayden White: Metahistory, the Historical imagination in nineteenth-century Europ. Baltimore, The Johns Hopkins University Press, 1973. Introducción. "The Poetics of Histor".

"Ironía: las entidades pueden ser caracterizadas negando, en el nivel figurativo, lo que es afirmado positivamente en el nivel literal. Las figuras de expresión manifiestamente absurdas (catacresis), como "bocas ciegas", y la paradoja explícita (oxímoron), como "fría pasión", pueden ser tomadas como emblemas de este tropo.
Frente a los tres primeros tropos que caracterizo de "ingenuos" (metáfora, metonimia y sinécdoque), el tropo de la ironía, aparece como su contraparte "sentimental" (en el sentido de Schiller de "autoconsciente").
Se ha sugerido que la ironía es esencialmente dialéctica, puesto que representa un uso autoconsciente de la metáfora en el interés de la auto-negación verbal.
La táctica básica figurada de la ironía es la catacresis (literalmente: mal uso).
La figura retórica de la aporía (literalmente: duda), en la cual el autor señala un descreimiento real o fingido de la verdad de sus afirmaciones, puede ser considerada el recurso estilístico favorito del lenguaje irónico, tanto en la ficción del tipo más realista como en las historias delineadas en un tono escéptico.
El objetivo de la afirmación irónica es afirmar tácitamente lo negativo de lo que es afirmado positivamente en el nivel literal, o a la inversa. Presupone que el lector u oyente ya sabe, o es capaz de reconocer, lo absurdo de las caracterizaciones dadas en la metáfora, metonimia y sinécdoque.
La ironía es, en cierto sentido, metatropológica, porque utiliza conscientemente un "mal uso" del lenguaje figurado.
Presupone una perspectiva "realista" de la realidad, dentro de la cual se puede dar una representación no figurada del mundo de la experiencia.
Por lo tanto, la ironía representa un estado de consciencia en el cual se reconoce la naturaleza problemática de la naturaleza del lenguaje mismo.
El tropo ironía, entonces, es un paradigma lingüístico de un modo de pensamiento radicalmente crítico con respecto al solo esfuerzo de capturar adecuadamente la verdad de las cosas en el lenguaje.
Es, en suma, un modelo de protocolo lingüístico en el cual se expresan convencionalmente el pensamiento escéptico y la ética relativista.
Es inherentemente hostil a las formulaciones "ingenuas" de las estrategias de explicación del formalismo, mecanicismo y organicismo. Y, como forma ficcional, la sátira es intrínsecamente antagonista de los arquetipos de la novela, comedia y tragedia.
La ironía podría considerarse como transideológica. Puede usarse tácticamente para la defensa tanto en la posición ideológica liberal como en la conservadora, según si se está hablando en contra de las formas sociales establecidas o en contra de las "utopías" que intentan cambiar el status quo. Y puede ser utilizada ofensivamente por el anarquismo y el radicalismo para poner en ridículo los ideales de sus oponentes liberales y conservadores. Pero, como base de una visión del mundo, la ironía tiende a disolver toda creencia en la posibilidad de acciones políticas positivas."

b. Implicatura
No posee marcas lingüísticas, no se encuentra en el diccionario, su significado depende del contexto. Es provocado por las palabras pero no está en las palabras. ¿Sabés qué hora es?, le dice la mujer a su marido cuando están en una fiesta. El marido interpreta sus palabras como un pedido y le contesta Ya vamos.
Se tendrá en cuenta lo "no dicho" explícitamente. El enunciado cotidiano se descompone en dos partes:
a. una parte verbal actualizada; y
b. una parte sobreentendida.
El enunciado cotidiano puede compararse así a un entinema: silogismo del cual una de las premisas no está expresada sino sobrentendida.

c. Sobreentendido
Todo enunciado deja entender una situación contextual determinada. La expresión ¿De dónde salís? deja sobreentendido que el emisor no posee la información que necesita, que le interesa obtenerla, que tiene un grado de familiaridad con el hablante que le permite interrogarlo. Al leer una frase así (o escucharla), el receptor puede realizar cualquiera de estas deducciones.
Las evaluaciones sobrentendidas no son, el producto de emociones individuales (del receptor) sino actos socialmente determinados y necesarios. El enunciado es como una "contraseña" conocida solamente por los participantes del enunciado.
El sobrentendido puede ampliarse espacial y temporalmente: puede existir en el nivel de la familia, de la nación, de la clase social, durante días, años, o épocas enteras.
La entonación es la expresión más pura de la evaluación.

d. Presupuestos
Es una marca lingüística que nos remite a una información que no aparece en el texto, porque, supuestamente, la conoce el hablante. Este año no ha llovido tanto... El adverbio tanto permite presuponer que el lector está informado de que anteriormente llovió mucho.
 DESCRIPCIONES DEFINIDAS. Presuponen la existencia de los "objetos" a los que se refieren. Se habla de "presuposiciones existenciales".
 NOMINALIZACIONES: presuponen la verdad de las proposiciones con las que se las asocia: "...los sindicatos participan en la gestión..." se nominaliza: "la participación de los sindicatos" en donde la "participación" es dada como un hecho.
Estas logran el "efecto de preconstruido": según Pecheux, "...las huellas en el discurso de elementos discursivos anteriores cuyo enunciador ha sido olvidado..."
 Las RELATIVAS APOSITIVAS: predican algo del sintagma nominal al cual modifican, produciendo el efecto de una aseveración segunda e independiente.
 Las PREGUNTAS PARCIALES: El locutor impone los presupuestos y obliga a aceptarlos como marco del diálogo.
Ejemplo: ¿Cuándo asesinaste a la anciana?, ¿En qué lugar la asesinaste?, ¿Por qué la asesinaste?, ¿Cómo la asesinaste?

Todas presuponen que el alocutario asesinó a la anciana y focalizan su pregunta sobre momento, causa o lugar.

e. Ambigüedad
Enunciados que pueden interpretarse de dos o más formas distintas. Esteban cree que aprobó el examen: el receptor, si desconoce el contexto, no sabrá si la persona implícita en la desinencia del verbo es una 3ª o el mismo Esteban (1ª ). El ruido del canal, las deficiencias de competencias y el desconocimiento de los contextos en los que se produjeron los enunciados introducen ambigüedades.

Teoría: Análisis del Discurso 2 - Modalizaciones y Subjetivemas

1- Modalidades

I – Modalidades de Enunciación: formas declarativa, interrogativa, imperativa o exclamativa.

II – Modalidades de Enunciado
Caracterizan el modo como el locutor evalúa aserciones propias o ajenas, en términos lógicos o apreciativos. Para ello, se vale de ciertas formas verbales y adverbios modales, adjetivos...

a. Modalidades Lógicas.
Expresan probabilidad, posibilidad o falsedad debe aparecer el verbo en subjuntivo. (Probablemente, llegue María) Indican la verdad, la falsedad, probabilidad, certidumbre, verosimilitud, el deber.
 Aparecen marcas lingüísticas destinadas a reforzar o restringir la aserción: adverbios y construcciones adverbiales
Refuerzan: sin duda, efectivamente, evidentemente, etc.
Restringen: quizá, posiblemente, es probable que, etc.
 Uso del condicional: podría ser...
 Uso del auxiliar modal "poder" combinado con el subjuntivo restringe la aserción: puede que el hecho sea detestable...
 Uso de los auxiliares modales "saber, comprobar, observar" combinados con el indicativo refuerzan las aserciones: sé que el hecho es detestable...

b. Modalidades apreciativas
Expresan felicidad, tristeza, rechazo...: es una pena, lamentablemente, gracias a Dios, por suerte. Indican lo feliz, lo triste, lo útil, lo necesario.

III – Modalidades de Mensaje
Son las transformaciones sintácticas que realiza el locutor, con valor modalizador. En el discurso argumentativo, las más habituales son:

a- Pasivación : transformar una oración de voz activa a voz pasiva significa colocar el OD (rema, en la VA) en la posición de sujeto (tema en la VA) y el sujeto de la VA (tema) como complemento agente (rema)
Ej: Las fuerzas policiales detuvieron a los delincuentes / Los delincuentes fueron detenidos por las fuerzas policiales
Mediante la operación de pasivación, el rema OD se transforma en tema, ocupa la posición inicial y se vuelve focal.
b- Tematización : consiste en convertir en tema lo que desea destacarse, colocándolo en posición inicial.
Ej: El accidente ocurrió ayer / Ayer ocurrió el accidente
c- Nominalización : es la transformación que reduce una oración entera a su núcleo verbal y convierte su verbo en sustamntivo. La nominalización resume la información y la hace memorizable.
Ej: El tribunal juzgó a los culpables. / Nominalización: Juicio a los culpables.


2 – Subjetivemas
Kerbart-Orecchioni llama subjetivemas a ciertas palabras con rasgos afectivos, axiológicos y moralizadores, que pueden ser sustantivos, adjetivos, verbos o adverbios.
Cuando el Sujeto de la Enunciación tiene que verbalizar un objeto referencial, real o imaginario, puede optar entre dos tipos de formulaciones:
a- El discurso objetivo, que se esfuerza por borrar toda huella de la existencia de un enunciador individual.
b- El discurso subjetivo, en el cual el enunciador se confiesa explícitamente ("me parece horrible") o se reconoce implícitamente ("es horrible") como fuente evaluativa de la afirmación.